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miércoles, 2 de febrero de 2011

domingo, 23 de enero de 2011

La Historia del Agua Embotellada- en español

La Historia de las Cosas

viernes, 21 de enero de 2011

Homenaje a María Elena Walsh

Como la cigarra

11/01/11

Por Silvana Melo

(APE).- A ella fue que le dijeron que un ladrón es vigilante y otro es juez y que dos y dos son tres. Me lo transmitió entre sueños y muñecas cuando yo aún no tenía en claro ni el suelo que pisaba. Pero supe antes de conocer el color de mis ojos que debía cuidarme del vigilante y del juez y que nunca me iban a convencer de que la vida se siente y se vive con llaneza matemática.

El día en que me advirtió, con música festiva como para disimular, que mañana se lo llevan preso a un coronel por pinchar a la mermelada con un alfiler, supe que los monstruos a temer no eran los que yo imaginaba saltando de los roperos cuando me apagaban la luz o sacando por debajo de la cama una mano que me atrapaba las canillas. Los monstruos eran otros y estaban allí, en las esquinas confiadas y en los retoños de las revoluciones. Para cortar las cabezas de los sueños, una por una y en fila y dejar al futuro decapitadito y solo. Sin nosotros, todos mudos y desaparecidos. Pinchar a la mermelada con un alfiler era como asomarme la infancia al primer dedo de la perversidad. Cuarenta años después de que ella me lo dijera empezaron a llevarse presos a los coroneles y a los generales por torturas atroces que nacieron, acaso, desde el alfiler en la mermelada. Y terminaron en las parrillas humanas del infierno.

La amo por tantas cosas que entran en una cajita de fósforos. Que como todo sabio conoce, son infinitas e insondables. Por cascarrabias, por ermitaña, por negarse –con la dignidad opinable y ofendida con que lo hizo mi madre- a mostrarse en silla de ruedas por la vida. Por cantarme la infancia, la de mis amigos, la de los hijos de mis amigos, la de los nietos de mis amigos. Porque supo definir el corte brutal entre el amor y la preservación de la vida que impusieron los monstruos a golpe de guillotina: porque dijo que me duele si me quedo pero me muero si me voy. Y tantas veces también me moría si me quedaba. Me mataban si me quedaba. La amo por tantas cosas que le puedo perdonar sin un mínimo esfuerzo sus rabietas, sus renuncios, sus intolerancias, su ceño fruncido ante alguna reivindicación indiscutible.

Ella fue la que me contó una vez de una tortuga que quería hacerse un lifting en Europa por amor. Cuando nadie pensaba en plancharse el tiempo en la cara. Y ella tardó tanto en volver que el tiempo, pertinaz, le volvió al gesto resignado. Porque el tiempo es la marca implacable en la piel de las dudas, las tragedias y los mosaicos felices que pisamos.

Por eso le hacía decir a Osías –que así se llama mi propio oso dorado, sépanlo los que creen que los osos se marchan cuando una crece- quiero tiempo pero tiempo no apurado, tiempo de jugar que es el mejor. Por favor, me lo da suelto y no enjaulado adentro de un despertador. Los osos, es bueno revelarlo de una vez, se agrupan clandestinos alrededor de los niños que se mueren, de los que no alcanzan a vivir un año porque les faltó agua pura, leche, nutrientes y abrigo. De los que se caen como frutos tempranos en los arrabales de la tierra, en Misiones o en Formosa, en Salta o en Matanza. De los que aspiran bolsitas o los atrapa la policía, con la indefensión de la mermelada ante el alfiler. Ella, sin decir nada, hizo a Osías para pelusearles la panza cuando parece que el mundo es un ocaso inexorable y el país olvida a sus pibes alambrados afuera del porvenir.

Tan chiquita y debilucha era yo por los sesenta, cuando ella les advertía a las palomas que la Plaza de Mayo no es buen lugar,porque nunca se sabe cuándo va a desbandarlas el temporal. Les decía, a las pobres, que nunca aprendieron la lección, que el que vive por las cornisas temprano aprende a temblar. Como nosotros, las palomas se atrevieron a plantarse y a sobrevolar el peligro, aunque la rama de olivo y de laurel se les cayera sistemáticamente del pico cuando la tormenta se les venía encima. Ella les dijo allá, por los sesenta, que se fueron los cazadores y que ya nunca van a volver. Pero volvieron, volvieron tan feroces que la propia paloma sin olivo quedó crucificada en la pirámide y las viejas alrededor, de pañales blancos en la cabeza, resistiendo a los cazadores para que el regreso fuera, ahora sí, nunca más.

En realidad, todo este canasto de palabras es para aclarar que no me pienso creer ni loca lo que me mintieron en la radio. Si ella misma lo dijo y todos lo sentimos y lo cantamos y lo resignificamos para nuestra propia historia personal y colectiva. Si ella ya lo advirtió. Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí resucitando. Yo canté con ella y me dije y me grité que gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal porque me mató tan mal, y seguí cantando.

Porque ella nos convenció de que tantas veces nos borraron, tantas desaparecimos y volvimos después de nuestro propio entierro. Solos y llorando. Pero vivos. Con los harapos de los sueños y las revoluciones. Con los brotes en los huesos. Vivos y en pie. Cantando al sol.


Gracias Silvana Melo.-

viernes, 26 de noviembre de 2010

APRENDAMOS DE NUESTROS HERMANOS ARGENTINOS

LA MINERIA A CIELO ABIERTO Y LA RESISTENCIA DE POBLACIONES

“Instalan economías de enclave”

En doce provincias, alcanzadas directa e indirectamente por la megaminería, se están desplegando resistencias multisectoriales. Un movimiento que logró que siete provincias sancionaran leyes que prohíben la explotación minera con sustancia química.

Por Natalia Aruguete

El proyecto Bajo la Alumbrera de extracción de cobre y oro, instalado en Andalgalá, Catamarca, a comienzos de los ’90, evidenció en poco tiempo sus efectos a nivel económico, social y ambiental. De los 6000 empleos prometidos sólo se crearon entre 70 y 200, afirmó la investigadora Maristella Svampa en diálogo con Cash. Este caso, emblemático en la región, no es el único. En doce provincias, alcanzadas directa e indirectamente por la megaminería, se están desplegando resistencias multisectoriales. Un movimiento que, según explicó Svampa, logró que siete provincias sancionaran leyes que prohíben la explotación minera con sustancia química.

En términos económicos, ¿cómo se justifica el pasaje al modelo de la megaminería?

–Los especialistas afirman que el mineral se encuentra muy raramente bajo la forma de veta. Son minerales de baja ley que requieren de voladura de montañas y del proceso de lixiaviación para su extracción. En pocos países latinoamericanos se mantiene la minería tradicional. Son economías de pequeña y mediana escala, como el caso de Bolivia con el boom del estaño. En los ’90, se reformó el marco jurídico para abrir las “oportunidades” a este tipo de minería, la única metodología para extraer los minerales en el estado de diseminación en que se encuentran. El primer país que desarrolló la megaminería a cielo abierto en manos de transnacionales fue Perú. En Argentina, primero se reformó el Código Minero y luego se sancionó la ley de inversión minera, pero el punto de inflexión fue la reforma de la Constitución en 1994, con la provincialización de los recursos naturales. Significó la renuncia del Estado nacional a la explotación de la minería y la posterior autoexclusión de las provincias, que abrieron la explotación al capital privado.

¿Qué hubiera sucedido si se modificaba la normativa del sector pero los recursos se mantenían bajo la órbita del Estado nacional?

–La megaminería supone grandes emprendimientos con altas inversiones y un mayor impacto económico, ecológico y social. Otra cosa es la minería transnacional. Este modelo favorece la constitución de economías de enclave, que no repercuten positivamente en la comunidad en la cual se instalan porque exportan ganancias, crean muy pocas fuentes de trabajo y generan una economía dependiente pero no efectivamente desarrollada. En un contexto en el que se agravan las asimetrías entre lo local y lo global, las transnacionales son un “actor social total”, que generan efectos socioambientales muy perversos y buscan controlar a la población mediante la acción social empresaria: desarrollan una suerte de “clientelismo empresarial” con el objetivo de minimizar el impacto que generan.

En América latina, menos del 10 por ciento de los proyectos están operativos. ¿Qué se prevé para cuando funcionen plenamente?

–Asistimos a una expansión de la frontera sojera, minera, forestal, pesquera. América latina es muy rica en términos de recursos naturales, cada vez más escasos, y biodiversidad. Y por ende, la sobreexplotación de recursos naturales es un tema crucial. En toda América latina hay resistencias muy ligadas a esta dinámica de acumulación del capital.

¿Cuándo comenzó esa resistencia?

–Al principio, la gente creyó en las promesas de empleo y desarrollo, como sucedió en Andalgalá, Catamarca. Cuando en 1997 se instaló Bajo la Alumbrera, la idea era que pese a que era un proyecto transnacional, algo iba a dejar. Pero esas promesas fueron una gran mentira. Son entre 70 y 200 puestos de trabajo que involucran a gente de la zona. Y Catamarca sigue siendo una de las provincias más pobres y desiguales del país. El movimiento que surgió en Aldalgalá, al principio demandaba empleo.

¿Qué diferencia a la Argentina de otros países de América latina donde hay resistencias a la megaminería?

–Que no son los pueblos campesinos y originarios los protagonistas, sino asambleas localizadas en pequeñas y medianas localidades, en doce provincias argentinas de la cordillera, la precordillera y la región montañosa. Es una composición multisectorial. Hay militantes ambientalistas pero básicamente son vecinos que ven amenazados su estilo de vida y el futuro de las generaciones en un territorio pronto a ser devastado. Esas resistencias tienen poca visibilidad porque estamos acostumbrados a ligar conflictos sociales con grandes centros urbanos.

¿Qué es la Unión de Asambleas Ciudadanas?

–Es un movimiento de resistencia que nuclea a más de setenta asambleas ciudadanas que convergen en esta red desde el 2006, y donde el tema de la minería es central pero no es el único.

¿Cómo se llega a armar este movimiento?

–A nivel nacional arranca con Esquel, una experiencia exitosa en términos de organización asamblearia, de construcción de un saber experto independiente contrapuesto al discurso dominante y el plebiscito que fue un claro “no” a la megaminería, pero fue la única consulta popular que se hizo.

Sin embargo, varias provincias prohíben este modelo minero.

–Esquel es el punto de partida y modelo a imitar, así como La Alumbrera es el contra-modelo. En el medio se desarrollaron muchas resistencias. Tal es así que siete provincias sancionaron leyes que prohíben la explotación minera con sustancia química. Chubut en 2004, el sur de Río Negro en 2005, luego en La Pampa, Mendoza en 2007. En Tucumán, donde se encuentra la sede comercial de La Alumbrera, fue un proceso con avances y retrocesos, pero finalmente se sancionó una ley en 2007.

¿Cuál fue la respuesta de las empresas ante las resistencias populares?

–Las últimas leyes contra la minería fueron las de Córdoba y San Luis en 2008. El 2009 fue un año de represión, porque las mineras se propusieron avanzar en varios planos: buscar las brechas que han dejado abiertas las leyes antimineras, acentuar la campaña en los medios de comunicación y cooptar las universidades públicas para legitimar un modelo de avance que provoca mucha resistencia en la población. Y por supuesto está la judicialización y criminalización. En un momento en el que se está definiendo la figura del nuevo adversario, buscan instalar la figura del “ecoterrorista” a nivel continental. Lo ha hecho claramente Alan García en Perú, donde hubo asesinatos de comuneros. En la región hay otros casos donde el límite es la vida misma, en Argentina hubo episodios de represión muy fuertes.

¿Qué importancia le atribuye a la reciente represión en Andalgalá?

–Es un caso testigo por dos cuestiones. Se pueden ver los primeros resultados de este tipo de minería a nivel económico, social y ambiental. Gracias a las resistencias, la gente sabe que está en peligro la propia Andalgalá, comprometida por el proyecto que autoriza el cateo e investigación para ver si hay mineral en el subsuelo de esa ciudad. Allí se llamó a un plebiscito en mayo, para ver si se acepta o rechaza la instalación del proyecto Agua Rica

http://www.igooh.com/notas/la-mineria-a-cielo-abierto-y-la-resistencia-de-poblaciones/